

A la edad de 18 años se casó con Juan Serrano Morales un 31 de mayo 1953 con quien compartió 56 años de matrimonio. Juntos criaron nueve hijos de los cuales le sobreviven ocho: Braulia Plata, Micaela Santibáñez, Juan Andrés, Abelardo, Reina Plata, Miguel Angel, Esmeralda Pérez y Silvia García. También le sobreviven sobrinos e hijos de crianza a los cuales ella siempre consideró como hijos; Hortencia, Telésforo, Isidro y Jesús. Gracias a Jehová, Maria Olivo amorosamente crió a una familia extensa que incluye 17 nietos y 9 bisnietos,
1 tataranieto además de yernos y nueras.
Maria Olivo dedicó y simbolizó su vida a Jehová un 28 de diciembre de 1974 en Huetamo, Michoacán, a la edad de 42 años y le sirvió fielmente por casi 50 años.
Tras conocer la verdad, fue fiel a Jehová y siempre valoró los arreglos teocráticos. Aunque no le fue posible aprender a escribir, logró aprender a leer limitadamente y se esforzaba de todo corazón por participar con comentarios edificantes en cada reunión. Cuando tenía una demostración asignada, a pesar de sus limitaciones pero con mucha oración y práctica, lograba que saliera de manera natural. Siempre cumplía con sus asignaciones estudiantiles alegremente para alabar a Jehová en su Congregación.
Toda su vida cooperó en la obra que considero la más importante, la predicación de las buenas nuevas y participaba regularmente. Llegó a tener estudios bíblicos progresivos a los que tuvo el privilegio de ver que algunos dedicaran su vida a Jehová. Semana tras semana viajaba a pueblos vecinos en Michoacán buscando hasta encontrar a alguien con necesidad espiritual para ayudarles a conocer y amar profundamente a Jehová.
Difícilmente olvidarán sus hijos la hospitalidad que daba a todo el que pasara por la puertas de su casa, en especial se esmeraba por brindar apoyo a los siervos viajantes enviados para apoyar la predicación en esa región de Michoacán. Durante su estancia en Estados Unidos pudo apoyar la construcción del Salón del Reino al cual asistió. Siempre disfruto al máximo todo lo que podía hacer y dar en su servicio a Jehová.
Junto a su esposo, Maria Olivo como madre hizo lo sumo posible por siempre alimentar a sus hijos espiritualmente. Se aseguró que todos sus hijos llegaran a conocer y amar a Jehová y tuvo el placer de verlos dedicados y bautizados. Siempre procuro que entendieran la seriedad de su relación personal con Jehová.
Al caminar por la vida, sus hijos podrán reflexionar con cuánto valor y sacrificio sus padres se esforzaron por enseñarles valores y morales que les sirvieran en sus propias familias. Aprendieron que con Jehová podían tener todo, sin carecer de nada. Sus hijos siempre atesorarán los buenos principios y convicciones que sus padres les inculcaron. Ahora, sus nietos y bisnietos continúan con esa misma enseñanza y tendrán siempre grabada aquella abuelita consentidora que los recibía con sus tiernos besos.
Como familia, la esperamos con anhelo para recibirla tras resucitar en el nuevo mundo bajo el Reino de nuestro amoroso Dios Jehová. Una vez más podremos disfrutar de su incomparable amor y compañía por tiempo indefinido. Nos imaginamos pronto disfrutando de sus riquísimas recetas de incontables platillos preparadas por sus amorosas manos - pero esta vez por toda la eternidad.
Maria Olivo fue una mujer de oración y gran fe que confiaba en Jehová, el Oidor de la oración. Esperaremos pacientemente mientras ella descansa, con firme esperanza en que Jehová cumplirá su promesa y volveremos a ver a nuestra querida Madre y Abuelita”. Job 14:14,15.
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v.1.18.0